Anónimo: acercarse al arte no tiene que ser intimidante

Por: Fernanda Sela
Retrato: Fernando Marroquín
Fotografías: cortesía @Anónimo

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En la agenda de artistas, coleccionistas, curadores, galeristas y editores de todo el mundo, esta hay reservación para ver y negociar arte en Art Week Miami, la más importante para el arte contemporáneo latinoamericano. Ahí donde Alejandra Martínez, encontró el terreno para su proyecto, la subasta Anónimo, con la que ha conseguido cruzar fronteras y exportar el talento nacional.

En la ciudad donde había vivido seis años, Alejandra decidió empezar Anónimo (de alguna forma una continuidad de su proyecto anterior, Arte Careyes) a pesar de las opiniones negativas sobre si ya había demasiada oferta o competencia. “En Miami existe todo un mundo de transacciones de compra-venta, es impresionante. En cuestión de producción es mucho más complejo, implica llevarte toda la obra y convocar al público, pero los resultados lo ameritan,” explica. Eligió este formato y en conjunto con un grupo de artistas, curadores y galeristas cercanos, consiguió darle forma y seriedad.

Fue una sorpresa que la primera edición fuera sold out. “Estábamos muy sorprendidos, no pensé vender ni la mitad, era un experimento en el que los artistas apostaban por un proyecto nuevo en el que exponían de manera anónima,” cuenta Alejandra. Pero a esa primera edición le siguió una segunda igual de exitosa en la que, a pesar de las condiciones negativas —en Estados Unidos acababan de ser las elecciones, el dólar rebasaba los veinte pesos, en la ciudad no paraba de llover y en la feria se sentía un silencio inquietante— quedaron solamente dos lotes, de un total de 30.

Este 8 de diciembre se realiza la tercera edición y los objetivos siguen siendo muy claros: se subastarán 25 piezas de artistas latinoamericanos, entre ellos, Erick Meyenberg, Fernando Marroquín, Ivan Krassoievitch, Jose Dávila, Martin Soto Climent, Orly Anan, Pedro Reyes y Tezontle, en formatos como pintura, escultura, fotografía y video, todas con un precio inicial de 5 mil dólares, de los cuales, el 30% siempre se destina a una causa noble, esta vez a las víctimas del terremoto del 19 de septiembre en México. Eso último es importante pues es una manera de transformar las ventas en compras sociales.

Otra de las condiciones positivas de Anónimo es que se genera obra nueva. Muchas piezas son producidas específicamente para el proyecto y por lo tanto el resultado termina siendo una selección de piezas únicas. Cuando no alcanzan a producir algo, entonces eligen una pieza inédita o un early work del estudio.

“Queremos que para el artista se convierte en el ejercicio de explorar otro tipo de técnicas con las que normalmente no trabaja, o la oportunidad de producir una obra especial que se asemeje lo menos posible a su discurso; que pueden arriesgarse un poco más,” Alejandra Martínez.

Y es que, como Alejandra dice, aquí el protagonista es la obra. Todas las piezas se exhiben de manera anónima, lo que permite que el público se acerque al arte de manera menos intimidante. “Los nuevos compradores, menos familiarizados con este, se lleven una pieza porque verdaderamente les gustó,” explica. Se crea un interés genuino por el artista y por saber quién es. Ahí es donde comienza la labor de conectar al comprador con los artistas y su galería. “Y en un 60% de los casos, vuelven a comprar,” dice Alejandra.