Ceremonia 18: despertares emocionales que no olvidaremos en mucho tiempo.

Por: Marcos Hassan @Kiddieriot
Fotografías: Fernando Etulain

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Lo increíble de un concierto es que la música se puede transformar en energía palpable, pero difícil de definir. Aquellos shows o eventos en los que artistas interpretan su arte en un espectáculo y el público la recibe, completando una reacción visceral que se transforma en una especie de electricidad y contagia a todos de euforia. No importa el sonido, la energía es lo que vuelve una presentación en vivo adictiva. Por esto, los festivales de música podrían convertirse en candidatos para estudiarse como fuentes alternativas para abastecer de energía a ciudades enteras. Pero gracias a su naturaleza, muchas veces no pueden conjuntar este fenómeno de acción y reacción entre la música y el sentimiento.

Esto es por diseño. Una persona difícilmente experimenta lo mismo que otra en estos eventos, ya que no presenciará los mismos actos; se perderá de momentos diferentes por hacer otro tipo de actividades como comer, formarse por cervezas y tragos o ir al baño; o simplemente por la preconcepción de lo que espera y lo que experimenta al estar al lado de personas con diferentes maneras de disfrutar la música. Todo se puede reducir a algo tan trivial como la predilección de sacar el celular para capturar el momento para siempre o no, y si es molesto que las personas a nuestro lado lo hagan. La energía existe pero no es igual que en un concierto o una fiesta donde la atención se concentra a un punto y momento que todos experimentamos al mismo tiempo.

Los buenos festivales no reproducen esa reacción energética como tal, pero tienen su propia manera de generar esas grandes centellas invisibles. Los buenos festivales como Ceremonia 2018, evento que regresó con todo y con uno de los line ups más fuertes en épocas donde los festivales se convierten cada vez más en parte esencial de las actividades de entretenimiento en nuestro país. Tuvimos gran eclecticismo en los actos a presentarse —en términos sonoros, obviamente, pero también demográficos— de tal manera que se pudo haber ido al Ceremonia y experimentado un festival totalmente distinto al de alguien más que también estuvo en el Foro Dinámico Pegaso el pasado 7 de abril. Sin embargo, estoy dispuesto a hacer una apuesta segura que ambas personas, aún sin haber visto a los mismos artistas, tuvieron una experiencia similar y que las secuelas positivas siguen expandiéndose en sus cerebros.

El baile fue una carta fuerte, con headliners como Soulwax y Four Tet comandando las horas de la madrugada con sets brillantes donde la fiesta se reimaginó como obra de arte. También estuvo la carpa Traición representando las fiestas vanguardistas de la ciudad donde la representación y diversidad de género los hacen espacios excepcionales. Pero hubo mucho más, desde las baladas románticas y modernas de la revelación joven conocida como Cuco, al ambiente etéreo de los igual jóvenes Mint Field, a la fiesta de ritmos afro-latinos “electronificados” de Bomba Estéreo, a la sensualidad y sinceridad virtuosa de Kelela.

St. Vincent logró uno de los shows más completos del festival, conjuntando gran personalidad, canciones que no encajan fácilmente en un sólo estilo pero se asimilan como lo más familiar del mundo, a la vez íntimo y masivo. Beck no se fue con rodeos, comenzó con algunas de sus canciones más conocidas para luego seguir con una zambullida a su más reciente disco, soltando muchos covers y logrando uno de los shows más divertidos del sábado. Más que ser las cartas fuertes del rock en este festival, ambos actos lograron subrayar lo que alguna vez fue conocido como alternativo, tomando elementos familiares para hacer algo que no esperabas y salir con una gran sonrisa.

Ceremonia 2018

Estos diferentes sonidos lograron convertir de Ceremonia en una de las mejores experiencias para los fans de la música que tuvieron la fortuna de asistir. La música tan dispar entre sí, pero de tan alta calidad, logró hacer del festival uno que define de una manera muy particular el fenómeno energético que ocurre entre los performers y el público, la sensación que experimentamos cuando vemos música en vivo. Aunque es cierto que la vibra es muy diferente que un concierto normal, Ceremonia probó que la mejor mutación ocurre cuando la energía, en vez de difuminarse durante interludios mundanos, se diversifica y toma muchos papeles: Melancolía catártica en caso de King Krule o Mint Field, éxtasis sudoroso con Soulwax, Bomba Estéreo o la carpa Traición; autoreflexión a paso de ritmos diferentes con St. Vincent, endorfinas cerebrales con Arca o Four Tet, y pura gozadera con Beck.

Ceremonia nos dio vida para un buen rato y muchos despertares emocionales que no olvidaremos en aún más tiempo. Probaron que los festivales son varias experiencias en un solo día, si es que se saben hacer bien. Hay muchos factores para que esto se logre, pero este año la receta estaba bien redactada y los ingredientes se cocinaron mejor de lo que imaginamos.