Más negro que la noche

Texto: Rodrigo De Noriega

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Vivimos acostumbrados a que los objetos cotidianos sean una reproducción de lo que eran antes. Es decir, nuevos materiales se utilizan para sustituir al original y los volvemos parte de nuestra rutina. Un exprimidor de plástico imita la forma del original, el de metal pesado, o un cesto que antes se tejía con palma seca, ahora se teje con fibras sintéticas. Walter Benjamin decía que al reproducir una obra de arte, ésta perdía el “aura”. Estos objetos cotidianos pierden ese mismo valor, ¿histórico? ¿tradicional? Se suprime una parte humana que nos obliga a recordar su origen, a tener esa consciencia.

México tiene una larga tradición con la obsidiana, es más, no éramos México todavía, sino pueblos prehispánicos hace 12 mil años, y ya se trabajaba con ella para hacer puntas de lanza y otras herramientas. El jade, las conchas y la obsidiana tienen además de un significado utilitario, cosmogónico y simbólico en las culturas prehispánicas.

Venía absorto durante el trayecto manejando, pensando qué otros objetos han perdido su aura, cuando llego a donde me dirigía y me bajo de la camioneta. En la silueta de la Buick Envision veo mi reflejo en el espejo lateral. “Espejos de obsidiana pulida”, pienso. Frente a mí se encuentra la imponente Pirámide del Sol y a sus faldas, comerciantes que se acercan con pequeñas reproducciones de figuras precolombinas, collares y pulseras. Hoy, parte de mi itinerario diario es descubrir otras formas de disfrutar del camino. Esta vez ese camino me lleva de regreso al origen. A mi vuelta me dirijo al taller de Silvio González, uno de los colaboradores de Punta de Lanza. El terreno es desconocido para mí, pero una vez que comprendo su historia, se vuelve familiar.

Punta de Lanza es una marca mexicana, un proyecto de Ana Gabriela González, que elabora piezas exclusivamente en obsidiana bajo procesos tradicionales de pulido y tallado de la piedra. Los yacimientos más grandes en México de este material se encuentran en Hidalgo y existen varios tipos de coloración a partir de los óxidos que la componen: roja, dorada, verde, arcoiris y diferentes calidades de negro. La primera colección se compone de objetos de diseño minimalista, cuchillos, un espejo redondo y una pipa, todos hechos en colaboración con artesanos de Pachuca y de Teotihuacán, que casi siempre transmiten este conocimiento a la generación que los sucede. La intención del proyecto es traer a un contexto actual algo que asociamos con la artesanía de una región y así mantener vivo un oficio que tenemos relegado.

Más negro que la noche

Llego de noche a casa. Tezcatlipoca para los mexicas es el Dios de la Oscuridad, su nombre se traduce como “espejo que humea”. Me acuerdo que estoy parado sobre un lugar lleno de leyendas. Era fácil que un pueblo asociara a su deidad con el material que tenía cerca. El aura contenido en uno de estos objetos debe de ser casi mágico. Así son mis tardes, así es nuestro lujo, nuestros momentos.