Mesa: Maggie Galton

Texto: Fernanda Sela
Fotografía: Ana Lorenzana
Asistente de fotografía: Nicolas Leau

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Le damos reglas a la mesa, pero la mesa no tiene reglas. Existen libros y manuales que intentan imponer una imagen de cómo debe verse, cómo deben ir acomodados los cubiertos y los platos de acuerdo con un orden establecido, o cómo debe el anfitrión cumplir con su misión de recibir a los invitados y acogerlos. Lo cierto es que cada mesa es distinta —no todas son redondas o rectangulares—, y por lo tanto, cada quien crea sus propias leyes y pequeñas rutinas.

La mesa es absolutamente personal. En ella dejamos ver nuestros caprichos y excentricidades. Cada quien diseña este espacio a su antojo, y mientras va forjando su idea de cómo quiere que sean las cosas, según lo que considera importante, el gusto y la personalidad salen a ote. Y todo está ahí condensado, acomodado de manera sutil entre platos y utensilios que a veces combinan a propósito y otras por accidente.

No importa si lo que se planea es una gran cena o algo más informal; todo lo que sucede alrededor también es importante. El preámbulo que precede al desayuno, la comida o la cena, es un pretexto para saborear todavía más, de la misma manera que el momento que viene después, cuando la mesa está más viva que nunca.

Éste es un retrato de diferentes personajes y sus distintas formas alrededor de su mesa, en la que el hecho de comer es sólo un pretexto para revelar sus diferentes facetas. Con este ejercicio comprobamos que entre la mesa y su dueño existe un no paralelismo. Cada mesa supone un vistazo a la intimidad, y sentarse a compartirla es un acto de total con anza. Participar en este acontecimiento significa adentrarse en el universo del otro. Porque la mesa es la oportunidad para conocerlo. La mesa dice: “éste soy yo”.

Maggie Galton
Es historiadora del arte y socia de la marca de diseño artesanal Onora Casa

El cariño que Maggie le tiene a este país se nota en su mesa, donde los utensilios mexicanos tienen un lugar primordial. Pero no sólo por el trabajo que hace con su marca de accesorios Onora Casa, sino por su admiración por lo hecho a mano. En su mesa, le gusta que haya cierta armonía, pero más allá de esto, que las piezas tengan una historia que contar. Muchos de sus objetos cuentan una historia relacionada con su familia y con sus viajes, o despiertan la curiosidad por alguna característica poco común.

Cuando se trata del “arte de comer”, como ella le dice, para Maggie es importante cuidar cada aspecto. Sobre todo en las cenas que realiza, en las que tiene la oportunidad de mezclar gente diversa, de diferentes mundos, nacionalidades y edades, algo que sucede con frecuencia. “Nos gusta mucho invitar a nuestros amigos y a mis hijas a los suyos, nos gusta mucho esa combinación”, me dice.

Pero Maggie sabe que abrir su casa no es cualquier cosa: “realmente estás compartiendo algo de ti y dejando ver tu vida familiar. En realidad, es un acto muy íntimo”, y por eso le presta tanta atención. Aunque cuando tiene invitados, más que lograr que su mesa sea bonita, para ella el objetivo consiste en lograr una mesa cómoda, donde todos se relajen y sepan que si algo se ensucia o se rompe, no pasa nada.

Además de sus amigos, su familia tiene el primer lugar. Todas las mañanas, sin falta, encuentra un momento para tomar un café con su esposo. “Es el momento de poner pausa a todo y disfrutar fuera del caos”. Y más adelante, cuando el día termina, entonces cenan todos juntos. “Sentarnos a la mesa es un rito muy respetado en el que compartimos anécdotas y cómo nos fue en el día. Hoy, con UberEats y otras cosas, la gente ya no aprecia lo que es sentarse a comer. Poca gente sabe seleccionar los ingredientes y entender ese proceso”. Entre sus cosas favoritas los fines de semana están ir al mercado con sus hijas y cocinar.