Food for thought

Por: Paola Santoscoy
Fotografías: Raúl Ortega y cortesía Proyectos Monclova

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Usamos la expresión Food for thought para hablar de aquellos asuntos que merecen toda nuestra atención, temas que demandan una reflexión y que nos dejan pensando. Así fue la exposición del artista mexicano Raúl Ortega Ayala, que presentó hace unos meses en la galería Proyectos Monclova, y cuyo título no podía ser más preciso.

Con Food for thought Raúl mueve, intriga y despierta diferentes sensaciones alrededor de la comida y el acto de comer, del hambre y sus diferentes interpretaciones. Sus obras en formatos como fotografía, video, instalación y performance, en las que el artista nos involucra, nos hacen cuestionarnos acerca de este tema que requiere ser masticado propiamente.

Paola Santoscoy (PS): Hablemos del título de la exhibición que tuviste en Proyectos Monclova. Titularla con esta frase —cuya traducción literal sería “alimento para el pensamiento”— es muy acertado. Muchas de las piezas necesitan ser masticadas de forma muy consciente, siguiendo en la lógica de esta frase metafórica, para poderse digerir y entrar en jaque con nuestras propias maneras de lidiar con los distintos tipos de hambre. Además, el conjunto de obras que conforman el proyecto son muy fuertes visualmente.

Raúl Ortega (RO): Al inicio de la exposición había una pieza que funcionaba como introducción, e ilustra en muchos sentidos mi relación con el tema. Se titula “I’m hungry, I’m satisfied” (‘estoy hambriento, estoy satisfecho’) y es simplemente la repetición de esta frase y su desfase físico para crear una especie de vórtice. Derivó de la lectura de un libro sobre el hambre y que explora el tema de una manera muy amplia, desde cómo opera a nivel corporal, cómo se ha utilizado en distintas épocas como entretenimiento o como instrumento de protesta, cómo se ha sido estudiada a nivel científico, hasta las hambrunas que han matado a miles de personas a través de la historia. A raíz de ese análisis surgió el interés de hacer una obra que representara ese obstinado y constante juego de sensaciones que tenemos cotidianamente al tener hambre y estar satisfechos. La investigación también me llevó a enfocar el proyecto en los alimentos, pero más allá del sustento o la creación de nuevos platillos, me interesó su lado cultural, su relación con la religión, con la maternidad, con la política, y así fueron surgiendo las piezas. Es un tema que se presta mucho para la reflexión.

PS: Los videos “Tomatina Tim” y “Cheese Rolling” contrapuestos me parecen un momento culminante en la exposición. Al ver la “Tomatina”, una situación de descontrol casi angustiante, y ser espectador de las reacciones naturales en un grupo de personas que se acercan tanto y se tocan aunque no quieran, asistimos al momento en que el deseo y la agresión se manifiestan. Son aspectos que resaltas y que además son visualmente muy atractivos: el color rojo, el sudor, el agua, los cuerpos. Forman una composición pictórica que genera angustia y que al ponerse en tensión con otro video que representa el exceso de comer, al punto de ser realmente desagradable –y casi imposible de seguir observando–, nos deja ver distintas maneras en que la comida juega en las emociones en la naturaleza humana.

Por otro lado, en “Cheese Rolling”, el video del concurso en Inglaterra donde las personas corren colina abajo persiguiendo un queso, la grabación es muy cinematográfica, las escenas oscilan entre cómicas y antiheroicas. Recuerdo cuando entré a la sala había más de una persona carcajeándose, la pieza funciona para romper la tensión con respecto a lo anterior, y subrayar lo que estas tradiciones o acciones tienen de absurdo cuando se les pone al lado de datos duros sobre el hambre a nivel global.

RO: “Tomatina-Tim” es un video-instalación que por un lado documenta el festival español en donde cientos de personas se avientan cinco toneladas de tomates durante una hora, y por otro retrata un ‘comedor competitivo’ donde se comen 40 hot dogs en 10 minutos. Ambos videos reflejan el espíritu de abundancia que se vive en lugares como Estados Unidos o Europa, en donde al existir la comida en grandes cantidades, permite que se den estos excesos o que existan personajes que participan en concursos en donde se premia al que logra comer más. Tanto en esta pieza como en “Cheese Rolling” está implícito el tema del hambre y existe ese subtexto. Me interesó documentar este lado de la comida y así cada pieza en la exposición resalta diferentes aspectos.

PS: Me gustaría que hablaras de “Melting Pots”, que por un lado es resultado de un proceso largo de investigación y de recopilación de material, y por otro tiene un elemento performático muy interesante.

RO: En “Melting Pots” me interesaba el metal de las Torres Gemelas de Nueva York y el hecho de que fue reutilizado para producir utensilios de cocina, ollas, charolas, que se vendieron en diferentes partes del mundo. Después de lo sucedido en las Torres, el material fue transformado y llegó a la mesa de muchas personas, quienes no conocían su origen. ¿Cómo este material se introdujo en el ambiente doméstico sin que su relevancia política fuera reconocida?

PS: Esta pieza estaba separada en un espacio en la planta baja de la galería, donde el espectador hacía un recorrido para ver una serie de documentos que hacían referencia a las Torres Gemelas, objetos coleccionables donde aparecían imágenes de comida y de un restaurante, hasta llegar a la instalación: una suerte de escultura comestible de un buffet que tú explicarás mejor.

RO: Era un espacio separado y el espectador pasaba por todo un recorrido y un proceso explicativo antes. Había una imagen del buffet que se sirvió en “Windows of the World”, el restaurante del último piso de las Torres Gemelas, y a partir de eso surgió esta pieza para la que realicé la investigación del metal, su transformación y lo que sucedió después, cómo se vendió secretamente a compañías en el mundo para producir utensilios de cocina. Se ilustra un ciclo muy particular.

PS: Además el buffet fue un momento importante durante la inauguración de la exposición. ¿Cuál es tu percepción de lo que ocurrió esa noche?

RO: Es una especie de festín al que los asistentes están invitados, una vez que hacen un recorrido para llegar a la pieza, así que toma otro sentido. Una vez que termina el banquete, los restos de comida y lo que no se consumió se dejan degradar, y este proceso de descomposición también es una parte importante de la obra. En ese aspecto se vincula con “Babel Fat Tower”, una escultura hecha de grasa y huesos que se va deshaciendo con la luz que irradian unas lámparas que la alumbran. En ambas piezas la transformación es importante, me interesa que se experimenten, tanto en su momento óptimo —cuando la torre de Babel está intacta o cuando se lleva a cabo el festín— como cuando están en degradación; cuando la torre de Babel está totalmente derretida y cuando el buffet de “Melting Pots” está totalmente podrido.

PS: Estar cerca de las piezas de manera presencial también tiene un efecto. Recuerdo que dijiste que para llevar a cabo toda tu investigación, recurriste a métodos antropológicos y te pusiste en contacto directo con la comida. Además de cocinar fuiste aprendiz de un carnicero para estar en contacto físico con el animal. ¿Qué tipo de material generaste durante tu proceso de investigación?

RO: Hay muchos dibujos, fotografías y notas de campo que ilustran mi proceso de entendimiento y mi manera de hacer tangible ese conocimiento a través de la experiencia empírica. Tengo mucha información, desde apuntes y garabatos hasta una colección de imágenes de saqueos y lo que yo llamaría un archivo enfocado en la estética de la abundancia en la publicidad alimentaria.

Cuando trabajé como carnicero me volví consciente del desfase entre el origen del alimento y el momento en que llega a la mesa. La forma en la que consumimos los alimentos es muy simple, vamos a un supermercado, compramos, cocinamos y listo, de tal modo que esa conexión con el origen está cada vez más desfasada.

Aquí las notas de campo revelan un proceso de entendimiento de los ciclos de la producción de los alimentos y esto me sirvió para “Melting Pots”, donde entender la cadena completa de producción de los utensilios era esencial para la pieza. Esta desvinculación también la exploré en las pinturas. La del ganso, por ejemplo, apunta a la forma en la que se hace el foie gras, que es forzando a los gansos a comer durante un periodo de tiempo corto para que se les inflame el hígado.

PS: La exposición tiene algo de atroz y pero también tiene mucho que ver con la responsabilidad. “Melting Pots”, por ejemplo, se extiende hacia una responsabilidad política, ética, moral, más allá de un evento como el del 11 de septiembre.

RO: Hay muchos aspectos derivados del tema del hambre o la comida. Una de las cosas que me parecieron muy interesantes durante la investigación fue que dentro del siglo XVII había gente que se dedicaba a hacer una suerte de performance o un acto circense sobre la hambruna. Hay un cuento de Franz Kafka, The hunger artist, basado en un personaje del siglo XIX que se llamaba Giovanni Succi, una persona que trabajaba en un circo y se sometía a ayunos prolongados. Se metía a una jaula durante más de 30 días solamente con pan y agua. Hacía estos performances hasta que el circo tenía que mudarse de lugar, entonces volvía a comer para estabilizar su cuerpo y volver a hacer las representaciones. En nuestra época lo replicó el mago David Blane. En un acto enfocado al entretenimiento, se metió en una cabina suspendida por una grúa en Londres durante 40 días y no comía nada, solo tomaba agua.

La investigación me hizo entender cómo nuestro cuerpo está preparado para el hambre. Estamos acostumbrados a hacer tres comidas al día, lo que por un lado es un privilegio, pero también hasta cierto punto, el cuero puede aguantar varios días sin alimento. Es fascinante cómo, cuando entiende que va a entrar en un proceso de hambre, comienza a sacar energía de aquí o de allá. Algo que no te imaginarías porque el hambre es como una especie de arrebato que nos provoca una urgencia a comer que pareciera nunca cede.

PS: El punto de lo performático en relación a los artistas del hambre y el espectáculo es muy interesante. En el plano contemporáneo, pienso en Corea del Sur y la moda del Mukbang (mezcla de las palabras “comida” y “broadcasting”). Personas que comen frente a la computadora y transmiten en vivo para que otras las vean y les den puntos, según si les gusta cómo comen. La mayoría son jóvenes, adolescentes con tazones de comida al frente para que otros vean este espectáculo que representa una ganancia económica. Menciono esto pensando en la psicología que hay en comer, una cuestión tan fundamental.

RO: Hay una relevancia en la motivación de alguien que quiere hacer eso y las razones por las cuales lo hace, pero a nivel espectáculo deja de tener relevancia y el interés se desvía rápidamente hacia otra cosa. En los 80 se dieron movimientos de conciencia rockanrolera, cuando la hambruna en Etiopía, y salió la iniciativa de Bob Geldof con la canción Feed the world, que tuvo un éxito brutal y vendió muchísimo para recaudar fondos para ayudar a esta región en África, pero después de seis meses la gente ya se había olvidado.

PS: Claro, se convirtió en un modelo a replicar pero esa fue la primera vez que sucedió algo así a nivel mediático.

RO: Tiene este aspecto performático, el espectáculo macabro en el que la finalidad en un principio es importante, pero después de un tiempo la gente regresa a la normalidad, siendo esto tal vez comer de manera excesiva, por ejemplo, de modo que la iniciativa no logra su cometido.

PS: Es que el hambre se puede extender a otros modelos. Me gustaría preguntar en qué otro tipo de hambre piensas, además de los proyectos de los que ya hablamos, ¿hay otros a futuro relacionados con el tema?

RO: Tengo uno que tiene que ver con la hambruna que ocurrió en China durante los 60, una de las más grandes documentadas y registradas en la historia de la humanidad. Murieron más de 30 millones de personas y tuvo mucho que ver con una política Maoista. Mao Tse-Tung decidió llevar miles de personas del campo a las ciudades y eso generó descuidar el campo y el abandono de sistemas que funcionaban, y que sin embargo trataron de modificar. Bajó la cantidad de producción de alimentos y la cantidad de gente que había para criar animales, por lo que miles de personas en las zonas rurales de China murieron.

Estos son temas que me interesan y aunque son procesos de investigación largos se van concretando en diferentes piezas. Precisamente por eso el título de la exposición es muy adecuado, pues las obras presentadas en esta exposición nos dan para seguir pensando más en el tema, y lo que busco que ocurra en otras personas. De algún modo es volver al inicio y ver cómo apelas al otro, al observador. Creo que aquí se cierra el círculo en esta conversación.

Agradecemos a Proyectos Monclova por facilitar esta entrevista.

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