Yoshua Okón

Texto: Mauricio Cadena
Fotografía: Rodrigo Navarro
Asistente de fotografía: Jair Franco

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Este mes de septiembre, el Museo Universitario Arte Contemporáneo (muac) presenta Colateral, una revisión de 20 años de carrera del artista mexicano Yoshua Okón. La obra de Okón es una serie de experimentos cuasisociales ejecutados para la cámara, donde se mezclan situaciones actuadas, documentación e improvisación, cuestionando las percepciones habituales de la realidad y la verdad, la individualidad y la moralidad.

Platicamos sobre la Ciudad de México, la libertad de expresión, la situación en los Estados Unidos y México, así como su visión del futuro.

Mauricio Cadena (MC): Naciste y creciste en la Ciudad de México. ¿Cómo crees que ha evolucionado (para bien o para mal) la ciudad? ¿Sientes que hoy en día sigue siendo un buen lugar para crecer como creativo?

Yoshua Okón (YO): Esta ciudad, con su enorme complejidad y diversidad, siempre ha sido un lugar muy estimulante. Fui muy afortunado en que, durante un momento clave de mi formación, me tocó vivir un periodo histórico muy especial: la década de entre nales de los 80 y nales de los 90. Fue un momento de mucha creatividad, una especie de despertar y de reconexión con la tradición cultural de la ciudad en el que tuvimos la posibilidad de reinventarnos a nivel personal y de reinventar colectivamente la escena cultural. También fue muy interesante a nivel político con la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas al gobierno de la ciudad en 1997. En verdad fue muy impresionante la transformación de la ciudad en el sentido positivo. Desde entonces hasta hoy creo que culturalmente ha habido una continuidad y que se ha seguido desarrollado una escena cada vez más completa. Sin embargo, desafortunadamente no se puede decir lo mismo a nivel político. En este sentido ha habido un gran retroceso y un gran deterioro durante los últimos cinco años, y eso sin duda pone más difícil el desarrollo del ámbito creativo, ya que no son temas separados. Creo que tenemos un gran reto delante de nosotros.

MC: ¿En qué momento decides dedicarte al arte?

YO: Para mí la decisión de ser artista casi no fue consciente. Fue un proceso orgánico. Aunque sí recuerdo vagamente un momento concreto cuando iba en la prepa, en el que entendí el potencial del arte como plataforma de expresión y de injerencia social. Recuerdo haberme sentido entusiasmado y quizá ése fue un momento decisivo.

"Durante un momento clave de mi formación me tocó vivir una especie de despertar y de reconexión con la tradición cultural de la ciudad, en el que tuvimos la posibilidad de reinventarnos a nivel personal y de reinventar colectivamente la escena cultural.”

MC: En los 90 fuiste de los fundadores de uno de los primeros artist run spaces en Ciudad de México, La Panadería. Todos estos proyectos y artistas que pasaron ahí, ¿influenciaron tu obra de alguna manera?

YO: Sí, una de las características principales de los espacios sin fines de lucro creados por artistas a nales de los 80 y principios de los 90, es que operaron de manera colectiva. Había una dinámica en la que todos aprendíamos de todos y en la que todos intercambiábamos información y conocimiento. De nitivamente fueron espacios de formación en los que muchos artistas de mi generación desarrollamos un lenguaje y una práctica. Como dije antes, a través de estos espacios nos reinventamos tanto a nivel personal como a nivel colectivo. De ahí que hayan tenido tal impacto y sean una de las bases principales de la compleja escena que vivimos hoy en día.

MC: Cómo decides qué línea seguir en tu obra —en cuanto a la temática—, y en qué momento piensas en el formato o técnica que usarás.

YO: Por lo general, mi punto de partida es la cotidianidad. Para mí, la relación arte-vida es fundamental, y la dimensión social del arte es muy importante. Mi obra es producto de un proceso que por lo general parte de alguna experiencia concreta de vida, a raíz de la cual comienza una investigación y después una conceptualización y un proceso creativo. Así elijo mis temáticas, y a través de la conceptualización y el proceso creativo, en los que la intuición y la imaginación juegan un papel importante, se van de niendo la forma y los formatos.

MC: ¿Te has encontrado en un momento en el que sientas que la libertad de expresión tiene límites?

YO: La libertad de expresión no debería tener límites. Es decir, la censura nunca es deseable en una sociedad. Cuando hay censura es signo inequívoco de que algo anda mal. La libertad de expresión es uno de los fundamentos básicos del arte contemporáneo y es precisamente uno de los aspectos que lo hacen tan valioso a nivel social. Sin embargo, la realidad es que estructuralmente hay algunos mecanismos, más o menos sutiles, que limitan nuestra libertad de expresión. Creo que es el papel del artista luchar para que no se nos censure. Los artistas nos encontramos en una posición privilegiada para tomar distancia y pensar de manera crítica sobre el mundo y, a través de nuestra obra, extender el pensamiento crítico para plantear preguntas que no siempre son cómodas, de manera colectiva. Por esto considero como parte fundamental de mi práctica defender mi agencia y encontrar siempre la forma de expresar mis ideas de la manera más directa y sin concesiones.

MC: Desde tus primeros proyectos, la estética y lo obsceno aparecen constantemente. Desde un video porno canino hasta la obesidad mórbida o el asesinato de Pier Paolo Pasolini. ¿Qué sientes de la reacción del público ante tu obra?

YO: Mi obra está diseñada para que los espectadores jueguen un papel activo y creativo en relación con las temáticas y preguntas filosóficas que se abordan. Me interesa hablar de temas estructurales, es decir, del tipo de temas que nos implican y conciernen a casi todos, el tipo de temas que no son ajenos a la inmensa mayoría. Por lo general, tienden a ser algo oscuros, son temas con los que no queremos asociarnos. En este sentido, más que obscena, mi obra puede llegar a ser incómoda, ya que demanda de parte del espectador verse reflejado y, por lo mismo, tomar un posicionamiento a nivel ético. Así es que, si la incomodidad es deliberada, es señal de que la obra está funcionando y, desde mi punto de vista, es una incomodidad productiva.

En una sociedad individualista y de consumo en la que cada vez estamos más alienados y menos dispuestos a asumir posicionamientos, en la que cada vez estamos más habituados a ser consumidores pasivos y a mirar el mundo desde afuera, como si fuera ajeno a nosotros, en ocasiones la obra resulta confrontativa. Pero, a la vez, en las obras también hay atención a cuestiones formales y afectivas y se utiliza el humor, por lo que en éstas se genera una especie de atracción-repulsión, una tensión que considero como la base de mi lenguaje y de mi estética.

MC: También has trabajado con temas como la xenofobia y el racismo, que actualmente han retomado fuerza. ¿Qué opinas de lo que está pasando en el mundo y en especí co en los Estados Unidos?

YO: La xenofobia y el racismo son temas que he abordado desde hace tiempo. Me interesan porque los considero síntomas de la enfermedad de un sistema global que no está funcionando. No creo que sean problemas nuevos, simplemente Trump ayudó a darles visibilidad.

MC: Esta revisión de media carrera cubre alrededor de 20 años de tu trabajo. En estos momentos, ¿qué te hace falta? ¿De qué tienes hambre hoy en día y qué podremos ver en tu trabajo próximamente?

YO: A pesar de que esta revisión incluye algunas obras de la década de los 90 y principios de los dos miles, la mayoría de la obra incluida en la exhibición del muac es bastante reciente, obra de los últimos seis años que responde al contexto actual. Estos años fueron muy prolí cos y, en este sentido, el proceso de la revisión ha sido muy interesante, ya que, por lógica, te obliga a frenar un poco y mirar hacia atrás —te obliga a pensar en tu obra como un conjunto y a pensar en los meta- discursos—. A raíz de este proceso surgieron toda una serie de ideas para obra nueva que me tienen muy entusiasmado. Una de éstas se está produciendo y va a formar parte de la exhibición, por lo que muy pronto podrán verla. De otra de las ideas lo único que les puedo adelantar es que se lmará en la sierra de Puebla y espero poder continuar con la investigación pronto. Así que, en cuanto a la pregunta del hambre, creo que lo que me hace falta es seguir respondiendo a mi intuición y al ritmo de mi proceso creativo, para seguir creando obra como lo he hecho en los últimos 20 años.

MC: Estás a punto de tener un hijo. ¿Tu idea del futuro ha cambiado?

YO: Desafortunadamente no. Mi idea del futuro es oscura. Basta leer lo que nos dicen los cientí cos para entender que nuestro sistema de capitalismo global es insustentable, que nos encaminamos a un colapso. Y no se ven señales de un cambio de dirección. En otras palabras, como humanidad estamos haciendo un pésimo trabajo en cuanto a la administración de nuestros recursos y el cuidado de los ecosistemas que nos brindan las condiciones necesarias para la vida. Hemos desarrollado un gran poder a nivel tecnológico que desafortunadamente no ha ido a la par de un desarrollo a nivel de conciencia. De ahí tanta destrucción. Dicho esto, creo que tener un hijo es un ejemplo de lo fuerte que son nuestros instintos, nuestra pulsión de vida y las ganas de hacer que esto funcione.

Yoshua Okón: Colateral
MUAC
Del 23 de septiembre de 2017 al 11 de febrero de 2018 Curadura por John C. Welchman