Día 2: Lars Jan y el arte como experiencia

Por: Danaé Salazar y Fabiola Zamora
Fotografías cortesía Audemars Piguet

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Durante nuestro recorrido en Art Basel Miami, platicamos con el artista Lars Jan sobre su instalación Slow-Moving Luminaries, para la tercera edición Audemars Piguet Art Commission.

192: Al al hablar de tu trabajo te refieres a los conceptos de ‘complejidad’ y ‘precisión’, dos términos que se relacionan muy bien con el universo Audemars Piguet. Si tuvieras que pensar en sus opuestos, ¿cómo describirías tu pieza con una explicación sencilla?

Lars Jan (LJ): No creo en un manifiesto artístico como tal, no me interesa usar texto para explicar mi trabajo. Hacerlo así puede limitar la idea de lo que es una pieza. Me interesan las experiencias en vivo y que el público pueda acercarse al arte de manera más libre, creando sus propias interpretaciones. Al final se trata de lo que la obra provoca. Me gusta pensar en mi trabajo como un trampolín para reflexionar, sentir y experimentar algo.

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192: ¿Cómo está aplicado eso en la instalación? Nos gusta cuando el arte puede sentirse de forma más espontánea y sin necesidad de explicaciones. Si tuvieras que explicar la pieza, ¿cómo la describirías?

(LJ): Como una serie de situaciones. La instalación es un mecanismo cinético, donde siempre hay movimiento. Mi objetivo es cambiar el ritmo de la gente al moverse en diferentes espacios, un edificio, un pabellón, un cuarto, con tal de que se vuelvan más conscientes. Quiero provocar sorpresa, magia, belleza, oscuridad y misterio. Uno de los espacios más importantes se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre ti mismo. Ves tu reflejo en diferentes capas y si estás en el momento correcto se enciende un juego de luces. Es muy complejo, precisamente para verte de un modo diferente.

192: Hablábamos de ciertos objetos que pareciera que, contrario a la tecnología, están a punto de desaparecer. ¿Cómo relacionas esta idea con tu trabajo?

(LJ): Me llaman la atención las tecnologías emergentes y los mecanismos complejos, en la cultura contemporánea no se puede evitar hablar de ciertas cosas, pero en lo personal, me interesan las galerías en vivo, las audiencias y las experiencias colectivas. Eso es lo más importante, la gente mirando, moviéndose libremente, sentada durante horas o unos pocos minutos. Ésa es una manera simple y análoga de definirlo.

192: Audemars Piguet no colecciona arte, lo que busca es transformar por medio del arte. Una parte de tu trabajo se trata de crear una experiencia completa que va mucho más allá de tener una pieza. ¿Qué piensas de esto y qué sigue para esta obra?

(LJ): El hecho de que esta compañía viene de un negocio familiar, de una familia de granjeros que esquiaban durante el invierno y desarrollaron un mecanismo de manera tan meticulosa y obsesiva, que refleja los comportamientos de los cuerpos celestes, me parece muy artístico. Soy muy afortunado de haber encontrado colaboradores como Audemars Piguet. Hay mucha sincronía en nuestras ideas.

En cuanto a la instalación, normalmente sé qué quiero hacer, pero no siempre sé qué, hasta que está terminado. A veces hago modificaciones, pero en este caso, la pieza era tan grande que no hicimos un prototipo, todo lo trabajé en mi cabeza. Estoy muy contento con el resultado, pero necesito ver cómo va a funcionar. Más adelante podría repetirse o podrían haber variaciones del proyecto en otros soportes, cosa que me gusta, porque las personas absorben información de distintas maneras.

192: ¿Cómo fue tu experiencia en Le Brassus, Suiza, la región donde está Audemars Piquet?

(LJ): Suiza una de las partes más alejadas de Europa, así que no sabía bien qué esperar. Para llegar hay que manejar durante varias horas, y atravesar algunos pueblos hasta terminar en un bosque. El lugar es sorprendente. Queda muy claro cómo la gente ahí realmente valora la belleza, están conectados a ella de manera natural, y eso se refleja en su trabajo.